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Municipio de Nuevo Casas Grandes

 
       
 
 

 

 
 
 
Arroyo de los Monos
 
Localizado 35 Km. al sur de Nuevo Casas Grandes, es un interesante sitio arqueológico que alberga una serie de grabados hechos directamente sobre las rocas del Arroyo de los Monos. Entre los sencillos dibujos se encuentran representaciones de la fauna local, principalmente, así como figuras humanas y abstractas y escenas de cacería.
 
 
 
Casas Grandes
Localizada 6 Km. al sur de Nuevo Casas Grandes, la comunidad recibe su nombre por su cercanía a las ruinas de la antigua ciudad de Paquimé, palabra que significa "casas grandes". La colonización de la región comenzó hacia 1661, cuando los franciscanos construyeron el Templo de San Antonio de Padua. Sin embargo los indígenas no aceptaron con facilidad a los extraños y se rebelaron en varias ocasiones. Durante los siglos XVIII y XIX la zona fue atacada por apaches, por lo cual se construyeron varios presidios para proteger a los colonos. Hoy en día Casas Grandes es una pequeña comunidad, Cabecera del Municipio del mismo nombre, en la que destacan su iglesia, su plaza principal y muchas de sus construcciones.
 
 
Nuevo Casas Grandes
Se encuentra 321 Km. al noroeste de Chihuahua y 282 al oeste de Ciudad Juárez. Se trata de una comunidad joven que surgió a principios del siglo pasado gracias a la introducción del ferrocarril en la zona. Es la Ciudad más moderna de la región, pues cuenta con todos los servicios: hoteles, bancos, restaurantes, correo, teléfonos, etc., y es también un centro agrícola en pleno crecimiento.
 
 
 
Colonia Dublán

Se trata de una comunidad mormona localizada a la entrada de Nuevo Casas Grandes, casi integrada a esta población. Los mormones, que llegaron a la región hacia 1875 procedentes de Utah, Estados Unidos, destacan por sus actividades económicas, principalmente la fruticultura y la ganadería, y por sus colonias con un característico estilo conservador. 
 
 
 
 
Colonia Juárez
 
Localizada 23 Km. al Suroeste de Casas Grandes, se trata de una comunidad mormona con su característico estilo arquitectónico norteamericano. Además de sus huertas frutales, destacan una hermosa construcción de ladrillo rojo llamada Academia Juárez, edificada en 1904, y sus templos.
 
 
 
Cueva de la Olla

Se localiza en el Valle de las Cuevas, 55 Km. al suroeste de Nuevo Casas Grandes, y se llega por un camino de terracería. Se trata de un sitio característico de la cultura de Paquimé, formado por siete habitaciones construidas dentro de un abrigo rocoso. Destaca un gran granero circular que desde lejos parece una olla, de ahí el nombre, en el que se almacenaba maíz y calabazas. Tanto las habitaciones como el granero fueron construidos con adobe colado y muestran la arquitectura típica de la región, como las puertas en forma de T. 
 
 
 
Ex hacienda de San  Diego 
 
Localizada 15 Km. al sur de la Colonia Juárez, se trata de una construcción de adobe con fachada de cantera en la que destacan los tres arcos de medio punto que rematan en un frontón, el cual enmarca un monograma de don Luís Terrazas, dueño de la hacienda hacia 1874. De carácter ganadero, la hacienda fue usada como cuartel por Francisco I. Madero en la época de la Revolución.
 
 
Juan Mata Ortiz
 
Se encuentra al suroeste de Nuevo Casas Grandes. Fred Pearson estableció aquí el aserradero más grande del mundo y el lugar recibió su nombre actual en 1925, en honor de Juan Mata Ortiz, unos de los más valientes lugartenientes del coronel Joaquín Terrazas y que luchó contra los apaches. Hoy en día Mata Ortiz es el centro alfarero más importante del norte de México y la mayoría de sus habitantes viven de la elaboración de la fina cerámica estilo Paquimé. Este estilo fue redescubierto por el maestro Juan Quezada, quien desde hace 30 años comenzó el rescate de la tradición artesanal de su pueblo y que incluso recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes.
 
 
 
Laguna Rodolfo Fierro
 
Nuevo Casas Grandes tiene dos lagunas, en las que se practican pesca y esquí. La grande es conocida también como Laguna Rodolfo Fierro, en recuerdo del general que perdió la vida en ella (14 de octubre de 1915) y que fuera brazo derecho de Francisco Villa. Se trata de una laguna artificial construida por los mormones hacia 1865; ante la necesidad de distribuir el agua del río Casas Grandes para la siembra desviaron la corriente con un pequeño cauce para almacenarla. La laguna distribuye el agua a Nuevo Casas Grandes, Casas Grandes, Colonia Dublán e Hidalgo.
Se dice que al querer ahorrarse el rodeo a la laguna, Rodolfo Fierro trató de cruzarla creyendo que su nivel era bajo, pero por el peso de sus bolsas llenas de monedas de oro no logró su cometido y se hundió en la laguna. El cuento que ofrecemos enseguida, del escritor chihuahuense Rafael F. Muñoz, se refiere a este hecho.
Oro, caballo, hombre Rafael F. Muñoz
Como en Casas Grandes terminaba la línea férrea, los Villistas que se dirigían rumbo a Sonora bajaron de los trenes, echando fuera de las jaulas la flaca caballada y después de ensillar emprendieron la caminata hacia el cañón del púlpito. La llanura estaba oculta bajo una espesa costra de nieve endurecida que crujía a la presión de las herradas pezuñas de los animales; a veces, éstos resbalaban y caían sobre el húmedo colchón, blanco e interminable
Frente a Casas Grandes, a poco trotar, hay una laguna extensa, pero poco profunda, casi una charca donde el viento no hace oleajes, rizando apenas la superficie pantanosa, que semeja un cristal ahumado.
El grueso de la columna se desvió, prefiriendo hacer un gran rodeo por tierra firme, que atravesar la sospechosa calma de las aguas oscuras. Pero un grupo de Villistas […], se decidieron a marchar en línea recta a través de la charca. A la cabeza del grupo iba un hombre alto […], rostro oscuro completamente afeitado, cabellos que eran casi cerdas, lacios, rígidos, negros; boca de perro de presa, manos poderosas, torso erguido y piernas de músculos boludos que apretaban los flancos del caballo como si fuera garra de águila. Aquel hombre se llamaba Rodolfo Fierro; había sido ferrocarrilero y después fue bandido, dedo meñique del jefe de la División del Norte, asesino brutal e implacable, de pistola certera y dedo índice que no se cansó nunca de tirar del gatillo.
—Los caballos andan mejor en el agua que en la nieve —dijo y metió espuelas. El animal dio un gran salto, penetró en la laguna levantando un abanico de agua con cada pata, siguió adelante braceando a un metro de alto y chapoteando con regocijado estrépito—. Éste es el camino para los hombres que sean hombres, y que traigan caballos que sean caballos… ¡Adelante!
Los otros le siguieron, haciendo ruidos de cascada. Fierro iba cargado de oro […], oro en los bolsillos abultados del pantalón, oro en el pliegue que hacía la camisola al voltearse sobre el cinturón ajustado […], oro en bolsas de lona colgadas de la cabeza de la montura… Una coraza de oro… ¡Kilos de oro!
Cuando caminaba en tierra firme, el caballo parecía no sentir sobre su lomo al hombre enorme, parecía no llevar encima aquel tremendo cargamento […]. Pero a cien metros, a ciento cincuenta, a doscientos metros de la orilla de la laguna, el caballo fuese fatigando al no encontrar tierra firme bajo sus herraduras, de meter los cascos en un lodazal negro, espeso, congelado. […]
—Mi general, está el terreno muy pesado para los caballos —aventuró a decir uno de los acompañantes—, mejor es que nos devuélvanos y denos la vuelta por la orillita…
—¡Qué devuélvanos ni qué el demonio…! ¡Me canso de pasar este tal por cual charco! El que tenga miedo, que se raje y dé media vuelta… no se vaya a dar un baño.
Y dio otro apretón de pies en el vientre del caballo […]. El caballo volvió a caer sobre sus cuatro patas y se vio entonces que el agua le llegaba hasta el vientre. […] Fuese desarrollando una lucha tremenda: el caballo contra el fango y el hombre contra el caballo. Los demás jinetes no se atrevían a acercarse y habían formado un semicírculo a cinco o seis metros de distancia. […]
Llegó el momento en que el animal no pudo desprender las manos del lodo. Debía tenerlo ya más arriba de la rodilla, porque el agua le llegaba hasta la mitad del cuerpo. Quedó un instante inmóvil dando unos bufidos que parecían respuesta a los insultos que le seguía diciendo Fierro. Y entonces fue cuando éste pensó en desmontar […], levantó la pierna derecha sobre el lomo del animal y la sumergió en el agua tratando de tocar fondo; pero el pie se le hundió en el barro que parecía mantequilla […]. Sintió miedo, un miedo espantoso de quedarse ahí para siempre, con su caballo y con su oro; volvió los ojos hacia sus hombres con una intensa angustia. […]
—¡Epa! ¡Imbéciles! A ver si hacen algo… […]
Fierro estaba de rodillas sobre la silla, pálido, con los ojos desorbitados por el espanto.
—Una reata… ¡Échenme una reata! Le doy una bolsa a cada uno que me ayude a salir…[…] Pronto… pronto… el caballo ya se fue al diablo.
Las reatas partieron simultáneamente con un uniforme silbido, pero fuera por mal cálculo o porque los lanzadores tuvieran pocas ganas de verse envueltos en el peligro, todas quedaron cortas y Fierro, sin soltar el oro, intentó alcanzarlas alargando el brazo derecho. […] Pronto la cabeza quedó a ras de agua y luego se hundió […]. Luego todo desapareció bajo las aguas, que volvieron a quedar como un vidrio ahumado, sin oleaje, apenas rizadas por el viento. Muy despacio, con toda clase de precauciones, los testigos de la tragedia fueron saliendo a la orilla. […]
La columna continuó su marcha en la nieve, y al ponerse el sol acampó en un bosque. […] Recordando el drama, algunos dijeron:
—¡Lástima de oro!
Otros:
—¡Lástima de caballo!
Y ninguno lamentó la desaparición del hombre.
Tomado de Rafael F. Muñoz, Relatos de la revolución: antología, selec. y pról. de Salvador Reyes Nevares, SepSetentas Diana, México, 1981, pp. 181-188.
 
 
 
 
Centro Cultural Paquime
 
Localizado junto a la zona arqueológica de Paquimé, este recinto dependiente del INAH alberga colecciones de las culturas indígenas del norte de México y el sur de Estados Unidos. Mediante un guión apoyado en maquetas, pinturas, fotografías y videos, se muestra la evolución histórica de esas culturas, en un edificio cuya arquitectura está en armonía con el entorno. 
 
 
Paquimé
 
La zona arqueológica se encuentra 350 Km. al noroeste de la ciudad de Chihuahua y a medio kilómetro de Casas Grandes. Se trata de la Ciudad Prehispánica más importante del Norte de México, cuyo florecimiento, auge y abandono tuvo lugar entre los siglos XIII y XV, poco antes de la llegada de los españoles. La cultura de Paquimé tuvo sus orígenes en la misma región norteña de Chihuahua y en otras partes más al Norte, como Nuevo México, Colorado y Arizona.
El asentamiento prehispánico de Paquimé, con alrededor de 50 hectáreas de las cuales sólo una parte se ha excavado, destaca por sus construcciones de adobe y sus puertas en forma de T. Sus edificios tienen rasgos de la cultura de Oasis América y muestran la habilidad de sus arquitectos. Al Oeste de la ciudad se encuentra una hilera de estructuras construidas con relleno y piedra que se cree funcionaban como centros ceremoniales. También era un centro de comercio que se dedicaba a la producción de plumas de guacamaya y al intercambio de conchas, cerámica y cobre, entre otros productos. Entre sus principales construcciones pueden mencionarse el juego de pelota, la Casa de los Hornos, el Montículo de la Cruz, la Casa del Pozo o de la Noria, la Casa de los Muertos, la Casa de las Columnas y la Casas de las Guacamayas. Por su importancia, el sitio fue declarado recientemente Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Servicios: estacionamiento, sanitarios y custodios. Horario: lunes a domingo, de 8:00 a 17:00 hr.
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 



 
 


 
 
 

 

 

       

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